En tiempos remotos se entendía la adolescencia como «la falta de» madurez, de adultez, o la ausencia del perfil de adulto que aún estaba por venir. De ahí el origen etomológico de la palabra: adolecer, carecer de.
Ahora sabemos que no existe una etapa en la vida en la que se «tenga todo»; y por tanto otra en la que «falta algo». Cada momento vital es diferente del siguiente y del anterior. La vida son ciclos, episodios personales que vamos llenando de vivencias, recuerdos, experiencias; y a los que llegamos con unas capacidades y unas habilidades determinadas. Estas habilidades y estas capacidades irán evolucionando, cambiando con el paso del tiempo y con nuestra propia actitud. Más las habilidades que las capacidades.
En la niñez aprendemos una ingente cantidad de items, quizá más que en otros momentos, pero nunca llega un momento en el que decimos: «ya hemos aprendido todo». La edad adulta no es homogénea, las personas mayores no pertenecen a una categoría idéntica entre sí. Y los niños no son todos iguales.
Pretender llegar a metas; en vez de recorrer caminos suele ser un sistema de vida que conduce a la infelicidad; o al menos a no conseguir la felicidad de manera plena.
Nos encontramos con la vida; sin haberla pedido, y nos surge enseguida el reto de vivirla. No nacemos con libro de instrucciones; no existe ningún manual para seguir y así poder evitar errores, fomentar aciertos,… La experiencia nos hace más sabios, y de ella siempre aprendemos y sacamos una lección; aunque en ocasiones nos cuesta verla. Los momentos duros que nos marcan emocionalmente debemos digerirlos con cuidado. No debemos exigirnos evitar las emociones dañinas que nuestro cuerpo experimenta; sino que debemos dejarlas estar; convivir con ellas y más adelante, en su momento, poder modificarlas con nuevas experiencias y nuevos planteamientos vitales; nuevas perspectivas…
Para que un juguete pueda producir esos sentimentos y emociones en un niño, debe ser atractivo para él, sí; pero debe favorecer un juego activo; una interactuación proactiva del niño o de la niña. El juguete debe provocar al niño a que él aporte su creatividad, paciencia, destreza, habilidad, sociabilidad,…
PROPORCIONAL: Debe haber una relación entre lo que ha hecho el niño y lo que le imponemos de castigo. No vale dejarle sin Reyes Magos por tirar la comida por el suelo; ni castigarle cinco minutos «a pensar» en su cuarto por destrozar por séptima vez los dibujos de su hermana.
Cuando las personas no encontramos un sentido a nuestras vidas, cuando la monotonía y la rutina nos hacen tender a aislarnos, a repetir hábitos de conducta que no favorecen la socialización; es entonces cuando tenemos riesgo de vivir en soledad.
La superdotación y las altas capacidades son cuestiones que cada vez nos preocupan más. La tendencia en nuestra sociedad del conocimiento es a cuidar e individualizar más el desarrollo y la educación de nuestros hijos.
En breve, por lo tanto, tendremos una licenciatura / grado en psicología, un máster oficial en psicología general sanitaria que dará acceso al título de Psicólogo ganeral Sanitario y una especialidad en Psicología clínica que podrá obtenerse exclusivamente por via Psicólogo Interno Residente PIR.
Puede parecer que esta fase en la relación de pareja pertenece exclusivamente a los adolescentes, que guiados por su baile de hormonas, se dejan llevar por fascinaciones futiles y temporales que caducan en menos de una semana,… o no. No hay edad para el enamoramiento. No hay edad para el amor.
Desde el punto de vista institucional, las administraciones encargadas de evaluar, tratar y supervisar a individuos con trastornos mentales y del comportamiento que les llevan a agredir a otras personas, deberían reevaluar y recalibrar su metodología, sus procedimientos o sus baremos de reinserción y de probabilidad de agresión.