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Maneras de animar… tras un fallecimiento

Vivir un fallecimiento cercano es algo habitualmente muy duro que requiere de un abordaje cuidadoso. Desde la psicología tenemos algunas claves que podemos aportar.

“El coronavirus aumentó un 7,8% los fallecimientos en Euskadi en el tercer trimestre de 2020” según leemos en prensa.

Por naturaleza, los seres humanos somos sociales (y luego más o menos sociaBLES).

Maneras de animar tras un fallecimiento

Necesitamos del contacto con otras personas; y así nos agrupamos. Creamos lazos afectivos necesarios para nuestro correcto desarrollo afectivo, desde que somos niños hasta que nos morimos de viejos: toda la vida.

La falta de esas personas relevantes en nuestra vida, sin ninguna duda supone un terremoto emocional, afectivo que nos alerta de nuestra propia supervivencia.

– Podemos tener la idea del ciclo vital.

– Podemos asumir y aceptar que la muerte es parte de la vida: es su final.

Pero en ocasiones queremos defendernos del dolor que nos causan estas dos ideas con el truco más viejo del mundo: la negación.

5/5/2021. Escucha el programa entero pinchando aquí

De los Leonard Cohen o de cómo aprender a morir

img_1402Intentaré encender, desde este modesto púlpito, alguna luz en el camino de aprender a morir con dignidad y belleza, como decía el premio príncipe de Asturias en su discurso de 2011.

Los Aprendizajes que pone la vida delante de nosotros muchas veces justo cuando menos los queremos, en ocasiones tienen varios ensayos para que podamos ir practicando. En psicología del aprendizaje llamamos ensayos de aprendizaje a las ocasiones en las que ponemos en marcha nuestra habilidad para conseguir perfeccionarla en una ocasión final.

En la muerte solamente hay un ensayo, una oportunidad de morir. Pero sí podemos ensayar la actitud que tendremos llegado el momento; siempre y cuando la vida, esa caprichosa del azar, así nos lo permita antes de morir.

Alguien puede pensar en lo osado de mi escrito; de acuerdo. Algún otro puede ver en él un asidero que con ansia buscaba desde hace tiempo; e incluso otros lo pueden ignorar, aún teniendo delante de sus narices la realidad de lo que le acecha.

Creo que existen tres tipos de perfiles de vivir la cercanía de la muerte. Por un lado tenemos a los CIEGOS. Son aquellos que desde su protección no quieren o pueden ver lo evidente: la vida nos ha dado un tiempo para vivir y ya se acaba. Las personas ciegas tienen miedo, miedo a encontrarse con algo que no van a controlar, miedo por no saber cómo reaccionar llegado el momento fatal. Nadie les ha enseñado a asumir desde bien pequeños que la muerte es parte de la vida, que son dos caras de la misma moneda. Realmente no son conscientes de que su vida algún día terminará, aunque ese día esté mas cerca que lejos.

Luego están las personas RESISTENTES. Son aquellas que se niegan y colocan todas sus trincheras frente a la muerte para luchar contra ella. ¡Vaya falacia luchar contra lo único inevitable que tiene la vida! Se rebelan ante la posibilidad de desaparecer, no quieren; y hasta se convencen de que no ocurrirá así.

Por último están los VALIENTES, aquellos que tienen miedo pero saben que es el siguiente paso que deben dar en la vida; el último. Las personas que saben que la vida va por ciclos, que va de fases, suelen tener más claro que cuando la muerte llama a su puerta deben abrir. Despedirse de los seres queridos, decir lo que siempre quisiste susurrar a quién de veras te importa y aceptar el final de la vida y el principio de la muerte, suelen ser características comunes a estas persona valientes.

Parece que aunque sólo podamos tener un ensayo de aprendizaje al morir, sí podemos tener multitud de ensayos en los que podemos mostrar nuestra actitud ante el final de la vida. Como decía Viktor Frankl, psiquiatra maltrecho y reconstruido en la Alemania nazi, lo único que no puede quitarnos nadie es la voluntad de sentido. Nuestra intención de dotar de sentido a nuestros actos, nuestra voluntad de querer hacer nuestra vida a nuestra manera (y nuestra muerte) es lo que nadie jamás podrá arrebatarnos. Por eso nuestra actitud valiente (con miedo pero valiente) es lo único a lo que nos podemos aferrar para dar el paso. Aceptar morir es lo que distingue a estas personas valientes; no su tranquilidad frente al final. No hablo de resignación.  Resignarse es la actitud de quien quiso cambiar el exterior y no pudo, de la persona frustrada frente a sus inútiles esfuerzos por mover las paredes que le rodean.

Leonard Cohen así parece que lo hizo. De alguna manera llegó un momento de su vida en lel que quiso morirse. No hablo de querer quitarse la vida, ni de terminar con el dolor crónico, no. Hablo de la decisión consciente y voluntaria de dar el paso, montar en la barca y cruzar el río.

Transcribo las palabras de despeidda del autor a su musa: «Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos y creo que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Amor eterno, te veré en el camino.”

En nuestras vidas tenemos muchos ejemplos de personas que ya no están con nosotros, que decidieron terminar su vida, acabar esa fase y comenzar otra realmente incierta, la más incierta. Parezcámonos a ellas, demos un paso adelante y decidamos conscientemente que el siguiente de nuestra vida es el final. Aceptemos con valentía y con miedo ese último paso. Mostremos a los siguientes en la cadena cómo se hace. Seamos ejemplo de bien morir. Las generaciones que van detrás necesitan vernos como modelos de esta última enseñanza, de este último paso. Y despidámonos con agradecimiento por todas las emociones agradables que hemos vivido, por la buena sensación de fluir en los momentos en los que perdimos el sentido siendo nosotros mismos y por el bienestar profundo que nos supuso pertenecer a algo superior a nosotros mismos y de lo que éramos una pequeña parte importante. Dejemos a un lado la cara B del disco, la rayada, la vieja y pongamos de nuevo ese disco de vinilo por su cara A, la buena, la sonora, la que nos hace vibrar. Y bailemos hasta el amanecer.

Reaccionar frente a las sorpresas potencialmente traumáticas

manerasdevivirAlgunas noticias que nos impactan y nos marcan, las gestionamos improvisadamente… como podemos. Si de repente ha fallecido alguien cercano, o una persona que conocemos se queda sin trabajo de la noche a la mañana, o una amiga pierde al bebé que estaba esperando… nos podemos quedar bloqueados, fríos, sin saber qué decir.

Sentimos miedo. El miedo paraliza, probablemente por su origen evolutivo que permitía a nuestros antepasados pasar desapercibidos mientras el león pasaba de largo.

Cuando sentimos miedo por ese acontecimiento terrible que nos pilla de sorpresa, debemos reaccionar inmediatamente pero sólo diciéndonos esta frase: Estoy impactado. No estoy en condiciones de reaccionar razonablemente. Mi manera de ayudar es acompañar y escuchar más que hablar. No recomendaré nada, y estaré muy atento.

En esos primeros momentos debemos ser cautos, y observar, acompañar y no tomar ninguna decisión que pueda ser definitiva y de la que luego nos podamos arrepentir.

Como en el audio que podemos escuchar en el programa de radio Maneras de vivir, con Kike Alonso en Onda Vasca, podemos optar por discutir con otra persona ajena al acontecimiento potencialmente traumático, o podemos optar por unirnos más a nuestros seres queridos.

Podemos escucharlo pinchando aquí.

Galicia, dos menores asesinadas: enfermedad mental grave vs. psicopatía

(Desde minuto 22´30″ hasta 25´30″)

Luis de la Herrán
Luis de la Herrán

«Un padre mata a sus dos hijas». Galicia, 31/7/15.

Noticias como la que hemos conocido recientemente nos estremecen y hace aparecer en nosotros sentimientos de venganza, asco, ira,…

No acabamos de entender cómo una persona puede llegar a hacer algo así. Todo es repugnante y muy sorprendente.

Desde la psicología clínica podemos poner nuestro granito de arena en ayudar a la sociedad a sobrellevar este tema, en estos duros momentos iniciales.

Debemos distinguir los problemas que se engloban bajo el término  «enfermedad mental grave», de comportamientos propios de un trastorno de personalidad antisocial o un psicópata.

La esquizofrenia, los trastornos del estado de ánimo,… son enfermedades mentales graves que necesitan ayuda, comprensión y una abordaje multidimensional para contener la sintomatología. Los trastornos de personalidad o el perfil de psicópata o siociópata son personas que son responsables de sus actos, que no tienen ninguna enfermedad mental que necesite de nuestra comprensión. Carecen de empatía. Lamentablemente en ocasiones lo confundimos, y mezclamos una cosa con la otra.

La incidencia de conductas violentas en población normal y clínica es exactamente igual.

Estoy más seguro en un hospital psiquiátrico que en la parte vieja de la ciudad a las cuatro de la madrugada.

 

«Tengo miedo a contagiarme…» 5 Consejos claros.

centro delta psicología
centro delta psicología

PRIMERO:

El miedo nos puede paralizar o hacer que hagamos cosas impensables. El miedo moderado es útil, porque pone a nuestro cuerpo en alerta ante el peligro; pero un exceso de miedo puede paralizarnos y envolvernos en una cadena de comportamientos evitativos que nos perjudiquen seriamente nuestra vida cotidiana y la de nuestros allegados.

SEGUNDO:

Datos: en Madrid hay una persona contagiada del virus ébola. Yo he pasado cerca de su casa; y he podido tocar la misma barandilla del parque que tocó esta persona. El virus ébola se transmite por contacto directo de fluidos corporales. En Liberia, Sierra Leona, … existen ya cerca de 4.000 personas fallecidas por el virus y miles más que han entrado en contacto con ellos y siguen vivos.

Más datos: en España mueren al año entre 10 y 15 personas por un rayo. La tasa de mortalidad por enfermedades cerebrovasculares: 95 por 100.000 habitantes/año. Y podría seguir… pero el problema no son los datos.

TERCERO:

Mi miedo va más allá: elucubra, anticipa, fantasea,… y mientras tanto siento malestar de estómago, dificultades para tragar, sudoración,… ¿tendré síntomas del ébola o tendré miedo?. El miedo es «libre», porque pertenece a nuestro sistema nervioso autónomo, que surge sin nuestro control voluntario. No podemos aconsejar «no tener miedo» porque viene a ser lo mismo que si le aconsejamos a alguien que baje su fiebre… Permítete tener miedo.

CUARTO:

Vida y muerte son dos caras de la misma moneda. Vivir de espaldas a la muerte es ingenuo; y sólo hablar de ella cuando llama a tu puerta… no es buena estrategia. La única certeza que tenemos los vivos es que nos vamos a morir; algunos con supuesta «fecha de caducidad» y otros con esa incógnita.

Y QUINTO:

Y una última cuestión: el miedo condicionado se controla afrontándolo: viajemos a Madrid, paseemos por Alcorcón tocando los bancos de los parques,… finalmente no nos pasará nada. Aprenderemos a controlar así nuestras emociones.

El «Bikini Bridge» o «puente» del bikini: ¿estamos locos?

«Entre la cadera y mi vientre existe una curva a cada lado… ¡qué guapa estoy!» Lo que algunos («desalmados») han llamado puente del bikini.

¿Quién dice esta frase? Es más probable que salga de boca de una adolescente (o no tanto) cuyo objetivo principal de sus días es aparecer ante los demás «como debe» aparecer ante los demás. «Todos me juzgan, todos me valoran, debo estar más delgada, esta tripa me sobra… así o nada…»

Y así, ¿hasta cuándo?. Hasta que cada una decide y se dice a sí misma: «voy a dejar de hacer esto, porque hay cosas más importantes. Me doy cuenta», o hasta que sin saber por qué se van abandonando «espontáneamente» este tipo de rumiaciones,… o hasta que se acaba todo.

Los Trastornos de la Conducta alimentaria TCA poseen el índice de mortalidad más alto de todos los trastornos mentales y del comportamiento, bien por suicidio, bien por complicaciones biológicas que hacen que el cuerpo no aguante: complicaciones cardiovasculares (ataques la corazón). Cuidado.

La prevalencia de intentos de suicidio es menor entre personas con anorexia nerviosa tratados ambulatoriamente (16%) y mayor para personas con bulimia nerviosa tratados como pacientes ambulatorios (23%) y pacientes hospitalizados (39%). Los índices más  altos de suicidio aparecen en personas con bulimia que presentan comorbilidad con abuso de sustancias (54%). Fuente FEAFES

Y ahora algunos frivolizan con estos temas… Cuántos han contribuido a destruir lo que otros tardan mucho tiempo y esfuerzo en construir. Me quedo con los segundos.

Pérdidas inesperadas

perdidas inesperadasParece que va a aparecer por la puerta como siempre… La tristeza es absoluta. La desolación nos traga en un agujero negro, invisible, sinsentido e infinito.

Cuando perdemos a un ser querido, a alguien importante que siempre ha estado ahí cerca, nos venimos abajo. Nos quedamos perplejos si la pérdida es de un día para otro. Como si tuviera que avisarnos alguien para ir haciéndonos a la idea.

La vida es muerte; mejor dicho, en la vida está la muerte, es su contraportada; pero no queremos verla; hacemos como que no existe, para aliviar momentáneamente nuestro dolor. Posponemos la certeza de que todo lo que comienza, acaba… pero hay más. No hay sólo eso. No todo es vacío y desolación.

Tras un tiempo inevitable, tras unos días, semanas y meses vagando por la oscuridad de nuestros sentimientos, podemos encontrar luces, destellos, atisbos de vida; de nueva vida; de otra vida. La siguiente vida, otra que se abre camino. La vida de otra persona, que hasta entonces no es nadie pero que puede llegar a serlo.

Y volvemos a empezar. Es duro terminar. Es duro parar. Es duro decir adiós. Pero ¿y los que ahora nos necesitan?, ¿y otras personas que pueden llegar a ser importantes otra vez?, ¿y los nuevos sueños?. Tras esperar,… pueden aparecer.

La vida es como una cadena, una sucesión de nacimientos, vidas, muertes,… y nacimientos de nuevo.

Démonos tiempo para ver todo esto. Como la tortuga de «Momo», de Michael Ende. despacio, pero hacia delante. Es el único camino.

Prevención del suicidio

Al fin los gobernantes parece que toman cartas en el asunto. Con casi 3.500 muertes por esta causa en 2009, acaba de aprobarse una proposición no de ley (11/12/2011) «relativa a proponer dentro de las estrategia de Salud Mental, estrategias para una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio»

Mediante esta iniciativa, se propone al gobierno:

  1. Promover dentro de la Estrategia de Salud Mental una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio, y en el mismo marco, desarrollar políticas transversales que incorporen la perspectiva de género y presten especial atención a los grupos más vulnerables (niños, adolescentes, ancianos y personas en riesgo de exclusión) en relación a la prevención del suicidio.
  2. Promover campañas de visualización, sensibilización y concienciación.
  3. Dar apoyo a la Red de Salud Mental, de acuerdo con los servicios de las Comunidades Autónomas, para poder mejorar las medidas preventivas de suicidio, poner en marcha protocolos de manejo de suicidio y asegurar la atención y el seguimiento inmediato de las personas que han cometido una tentativa de suicidio.