En estas fechas navideñas, muchas personas aprovechamos para pasar más tiempo con nuestros familiares más cercanos. Rompemos nuestra tendencia y añadimos personas a nuestra rutina.
Pero hay personas que les cuesta disfrutar de unos familiares o amigos a su lado. La soledad es uno de las principales factores predisponentes para la depresión y los sentimienos depresivos catastrofistas.
Cuando las personas no encontramos un sentido a nuestras vidas, cuando la monotonía y la rutina nos hacen tender a aislarnos, a repetir hábitos de conducta que no favorecen la socialización; es entonces cuando tenemos riesgo de vivir en soledad.
La depresión es uno de los principales trastornos de la salud para la sociedad occidental según la OMS para los próximos veinte años.
Los recursos personales para salir de esta soledad y abrirnos a otras personas, a otras rutinas, a nuevas experiencias, a actividades que en principio puede que no nos atraigan, pero que a la larga nos reportan bienestar están a nuestro alcance: la voluntad de cambiar nuestros hábitos. Las conductas que se salen de nuestra costumbre, nos producirán nuevas emociones y nuevas ideas, que a su vez facilitarán nuevas compañías.
En nuestras manos está, como tantas otras cosas… Las personas tenemos muchos más recursos personales de los que imaginamos. El acompañamiento terapéutico por un psicólogo es un recurso del que podemos hacer uso mientras caminamos hacia nuestras metas.
La superdotación y las altas capacidades son cuestiones que cada vez nos preocupan más. La tendencia en nuestra sociedad del conocimiento es a cuidar e individualizar más el desarrollo y la educación de nuestros hijos.
En breve, por lo tanto, tendremos una licenciatura / grado en psicología, un máster oficial en psicología general sanitaria que dará acceso al título de Psicólogo ganeral Sanitario y una especialidad en Psicología clínica que podrá obtenerse exclusivamente por via Psicólogo Interno Residente PIR.
Puede parecer que esta fase en la relación de pareja pertenece exclusivamente a los adolescentes, que guiados por su baile de hormonas, se dejan llevar por fascinaciones futiles y temporales que caducan en menos de una semana,… o no. No hay edad para el enamoramiento. No hay edad para el amor.
Desde el punto de vista institucional, las administraciones encargadas de evaluar, tratar y supervisar a individuos con trastornos mentales y del comportamiento que les llevan a agredir a otras personas, deberían reevaluar y recalibrar su metodología, sus procedimientos o sus baremos de reinserción y de probabilidad de agresión.
La evitación de elementos dañinos, y su combinación con la variable temporal («ahora me alivio pero luego…»), hacen de las mentiras un clásico en nuestros hijos mayores de 6 años, en adolescentes, en adultos y en mayores. Cuanto mayor es la mentira, más deberemos elaborarla, crearla, concretarla, relacionarla, dotarla de credibilidad para salir del paso en ese momento. Y ese proceso es costoso.
Solemos indentificar a personas depresivas con actitudes de falta de energía, tristeza extrema, expectativas catastróficas sobre el futuro y sobre uno mismo, etc. Y en muchas ocasiones así es también en niños y adolescentes, pero en no pocas otras la sintomatología, además, va acompañada de comportamientos agresivos hacia otras personas, irritabilidad, falta de concentración, etc.
El Hospital de Galdakao – Usánsolo (Bizkaia) organiza el próximo 14 de diciembre de 2011 unas jornadas para concienciar sobre la responsabilidad social corporativa.
Este último aspecto, el del ahorro de cotes en las empresas que ofrece sistemas de mediación entre trabajadores y usuarios, ha sido porpuesto por