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En el ojo de la discusión

untitled«¡Qué no me mire!… ¡¡que le doy!!»

Éstos y otros pensamientos nos vienen a la cabeza; más bien a las «tripas», cuando estamos metidos de lleno en una acalorada discusión. Cuando nos enfrentamos a una persona por un motivo en el que «tengo claramente la razón», podemos perder los papeles y acabar diciendo y haciendo lo que luego será objeto de arrepentimiento…

¿Cómo hacer entonces para controlarnos?. La clave no está en el control DURANTE la discusión; sino en lo que se han venido llamando disparadores de los conflictos. Los disparadores son aquellas circunstancias que nos rodean o que están en nosotros mismos y que anteceden al momento de la explosión de la ira y del enfado.

¿Qué pasa justo antes de que te enfades?, ¿cuándo notas un enfado leve, controlable?, ¿en qué momento aún no has estallado, pero crees que si la cosa sigue así no podrás remediarlo?

En esos momentos, debemos ser inteligentes y, si podemos, marcharnos de la situación, evitar la escalada automática de los enfados. De lo contrario será más difícil dejar de dar gritos en medio de una discusión, que hacer una tortilla de patatas sin patatas…

Hogueras: empezamos de cero.

hoguerasAyer tuvimos la noche más larga del año; y en muchos lugares prendimos fuego a maderas, basuras, cartones, impresionantes obras de arte que no pudieron salvarse de la indulgencia de los jueces; e incluso los libros del colegio que con tanto o tan poco ahínco han devorado nuestros hijos.

Podemos dar un significado al fuego: purificación, hacer borrón y cuenta nueva y empezar de cero, terminar con lo antiguo para pasar a lo nuevo,…

Esa es una actitud que repetimos las personas con cierta frecuencia y que nos ayuda a salir de nuestros automatismos. Cuando comienza el año nuevo, también podemos  hacer promesas de comienzo; exigencias hacia nosotros mismos para realizar nuevos comportamientos, rutinas, hábitos,… y al fin y al cabo, nuevos caracteres; nuevas maneras de presentarnos ante el mundo y ante nosotros mismos.

No hace falta una noche de hogueras para comenzar; pero los símbolos pueden ayudar. No hace falta ver un nuevo calendario en la pared para decirnos a nosotros mismos: «ahora debo empezar una nueva vida, soy el mismo de siempre, pero algunas actitudes, rutinas, comportamientos los voy a cambiar porque yo lo he decidido; y al que no le guste… que no mire»

Es nuestro momento. Comencemos.

¿Qué funciona en psicología?

La Universidad Complutense de Madrid, con un equipo dirigido por María Crespo López ha  publicado una Guía de Tratamientos Psicológicos avalados por la evidencia empírica.

El abordaje cognitivo-conductual junto con otras intervenciones paralelas y complementarias, es el que ha demostrado mayor eficacia.

Para consultar la guía pinchar aquí.

 

 

Perder el tempo acudiendo al psicólogo

Está claro. A estas alturas de la película no estamos nadie para perder el tiempo,… y mucho menos dándole vueltas a los temas sin llegar a ninguna parte, mareando la perdiz y sin saber si esto acabará algún día…

Eso piensan muchos, con razón, cuando por un instante, valoran la posibilidad de acudir a un colega de profesión a consultar algo que nos viene preocupando desde hace tiempo.

Y es una lástima. Todos los psicólogos no actuamos de la misma manera. Para mí es triste y a la vez satisfactorio ver cómo una familia, avanza con el comportamiento de su hijo más en un mes de evaluación e intervención que en dos años de terapia con otro psicólogo…

¿Y por qué? Simple. Cada enfoque psicológico, cada manera de entender el comportamiento, las emociones y las ideas de las personas, deriva su propia intervención, su propio estilo, su propio abordaje.

Como el de tantos colegas de profesión, nuestro estilo se llama cognitivo-conductual.

Pasad un buen fin de semana!

 

Todo va bien… ¡pero podría mejorar!

Hablamos de las actitudes perfeccionistas y exigentes . Hay personas que parecen no estar satisfechas nunca con las bondades o los acontecimientos que les toca vivir; o con los que les rodean, o consigo mismos…, ¿por qué?

Es posible que no percibamos una coherencia entre lo que vengo llamando desde hace algún tiempo, «las tres ex»: expectativas, exigencias y experiencias.

Las EXPECTATIVAS  son aquellas ideas previas que exigimos fuera de nosotros, a lo que o a quien nos rodea, para que se comporten o actúen de la manera que mejor nos conviene a nosotros.

Las EXIGENCIAS  son las demandas internas que nos hacemos a nosotros mismos para conseguir determinados objetivos; es lo que nos pedimos a nosotros.

Y las EXPERIENCIAS realmente es lo que finalmente ocurre.

Si conseguimos que exista consonancia entre las tres ex, habremos conseguido contribuir un poco más a nuestro bienestar…

Y este post no habla de la crisis… ¡que ya está bien! 🙂

¿Y qué hago ahora con este descontento?

La crisis, las deudas, el paro, el super-iva, los super-impuestos, los políticos corruptos, … son escenarios que pueden favorecernos sentimientos de descontento en el mejor de los casos, y de desesperación en el peor.

Se está notando un incremento de las consultas de psicología en relación a este tema (a la gente le preocupa), a la vez que se nota el decremento de personas que acuden al psicólogo por razones puramente económicas.

Entonces, ¿qué podemos hacer?. Esa el la clave: hacer. No podemos quedarnos sentados lamentándo nuestra mala suerte, sufriendo en silencio las injusticias que realizan algunos bancos y llorando porque la estructura social, política y mundial es insostenible a largo plazo.

Pongámonos en marcha. Para abandonar esos sentimientos incómodos, vamos a hacer: hablar con amogos y compartir ideas, proyectos e iniciativas, salir a la calle a protestar por lo que no nos parece justo, pedir un cambio a quien corresponda, firmar peticiones en la red, crear un blog de protesta, asociarse, organizarse,… pero sobre todo «hacer».

Pero cuidado, disfrutando de las acciones, no poniendo quiméricas perspectivas en nuestro horizonte porque, recordemos: lo importante no es llegar, sino caminar.

Estilos conciliador y cooperativo en el trabajo vs. estilo distributivo

La actitud que tomemos en nuestro equipo de trabajo a la hora de relacionarnos, es fundamental para lograr una buena «convivencia laboral». El estilo conciliador es «la capacidad de tender puentes, arrastrar, comprometer (…) manifestar el honesto interés de los otros (…) compartir información, escuchar, resumir» (De Diego y Vallejo, 2006) y el estilo cooperativo es el que pretende llegar a puntos de satisfacción mutua.

No confundamos la cooperación, con el estilo distributivo en el que dividimos por la mitad el trabajo, repartimos funciones equitativamente, al 50%,… pero no encontramos satisfacción completa en esta estrategia…

Los acuerdos que se sustentan en una igualdad de «fastidios y de privilegios» no suelen sustentarse en el tiempo. Se acaban rompiendo.

Busquemos los puntos en común, los intereses soterrados en nuestros comentarios, y lleguemos a escenarios que de veras nos satisfagan…

Más info en www.zubika.es

«Mamá…, ¿me estoy portando bien?»

«…Parece mentira, hija, evidentemente no…» Algo similar pasa cada día en cada casa de un niño o niña de entre 3 y 7 años. Si lo tenemos tan claro, ¿por qué ellos no?

Expresiones como: portarse bien, hacer lo que debes, ser responsable, hacer las cosas como te las pido, pensar en los demás, hacer lo lógico, entra en razón,… no son útiles a la hora de educar. No valen para nada.

A un pequeño «pensante» de esas edades le cuesta, por desarrollo madurativo, realizar abstracciones, generalidades y asumir conceptos no tangibles. Es posible que sea capaz de repetir (aprendizaje por modelado) expresiones que escucha a los adultos y nos dé la impresión de que sabe lo que dice. Pero no.

Desde el papel de padre y madre, abuelo o abuela, tío o tía; debemos concretar lo más posible nuestros límites e indicaciones. Por ejemplo: lávate la cara, espera a que tu hermana termine de hablar, ahora no toca jugar a eso, estás sentado correctamente y eso me gusta, has pedido el postre por favor,… Este tipo de abordaje más concreto ayuda, a estas edades a identificar los objetivos socialmente deseables para su entorno adulto.

No olvidemos que hacemos los hijos e hijas a nuestra imagen y semejanza; pero que ellos, de por sí, traen una carga genética propia y permeable a nuestra acción. La otra parte que desde los educadores podemos moldear; hagámoslo desde los cero años… de lo contrario a los catorce podrá ser el crujir y rechinar de dientes…